Me encuentra ya en, cómo decirlo…”el ocaso de mi vida”, tengo 84 años; y todo me cansa, todo me aburre; y como quien no quiere la cosa, en 4 días cumplo 85, ¿quien lo hubiera dicho no?, Fela con 85 años. Y pensar que a los 65, lave cuatro kilos de ropa de todos mis hijos (sépase que tengo 6), cocine un día antes, me bañe y dormí temprano; todo por la simple superstición de que como mi madre murió a esa edad, debía de morir igual. Ay mi viejita…que en paz descanse mi mamacita, ella era una santa; porque el día que, ya aburrida de mi marido decidí fugarme con una familia al brasil, se me aparece mi mamita con un gorro alto de cocinera… (Seguro cocinaba en la cocina del cielo para Dios…bueno ¡que sé yo!) me acuerdo que lo primero que me fije fue si sus pies tocaban el suelo y no lo hacían.
¡¡Peta no seas cojuda!! Tienes seis hijos y ¿los vas a dejar con tu marido?, eso me dijo la sinvergüenza, claro, al final de cuentas fue ella quien me casó, porque yo no quería, quién iba querer casarse con ese serrano, pero aun que no parezca, tenía sus escondido ese viejo .La cosa es que ese día como nunca me levante a las nueve, y la familia partía a las seis. Me quedé, con mis seis hijos y mi señor marido, ¿qué iba a hacer pues?
¡Ay! Pero si no me ha echo unas buenas, ese viejo mañoso. Hasta ahora se me aparece, ¡ay mi viejo! Yo solo le guarde luto tres meses, tres meses nada más… ¡para qué más!...pero ése tenía sus buenas mañas, bien al terno andaba siempre el señor Valenzuela. Y uno, hasta el cien…claro que nunca me ha gustado ostentar tampoco, ni a mi marido que ostente, porque ¡ay! Del día que yo me apareciera con zapatos de tacón, llegaba la noche y al día siguiente ya no tenía zapatos precisamente por eso. Porque ya no tenían tacón. Nunca quise yo a ése hombre, nunca. Mi mamá me obligo a casarme con él, cuando yo era muchacha me acuerdo, todo porque tenía plata el serrano ése, si pues, porque así yo le decía, serrano, porque era de Ancash pues, ¿cómo decía el? Tenía carácter ancashino superlativo imperativo… pero serrano al final. Encima era enamorado consentido, día y noche andaba el bandido rondando mi casa, y yo bueno no, no soy guapa, ni nada menos, pero me acuerdo que una vez le dijo a su prima Adelaida porque ella no me aprobaba (vieja estúpida, cómo si ella tuviera algo que ver entre mi marido y yo); mira Adelaida, yo mujer como ésa, no encuentro nunca… ¡Jajaja! Pero si pues tenía sus cosas el viejo. Me acuerdo a que ese mañoso le gustaba mi cuerpo, mis caderotas, i senos y mi par de piernas, decía que yo era profunda, eso no lo entendí, es que yo vivía en el tiempo de la inocencia, si… porque otra cosa no se puede pensar; lo que sí que cuando ese viejo tenía “ganas”, hasta me apagaba la cocina, y yo lo mandaba ala mierda, si pues porque a la mierda lo mandaba.
Bueno que descanse en paz mi marido, ese sinvergüenza…ya debe de estar gozando con el Señor, quién como él…y pensar que yo comencé a quererlo en medio de su enfermedad (para ser mas exactos…cuando esta ya estaba terminando, o sea cinco meses finales). Pero igual me daba miedo, porque yo no le daba ni la mano, porque quién sabe pues, de repente me quería llevar…
Mi esposo murió hace tres años, luego de una haber estado enfermo cinco años, los doctores no sé qué tanto decían, pero yo sabía que moriría cuando cayera su ultimo nervio, en mi criterio, de eso trataba su enfermedad. El tenía anzeilhmer, enfermedad que va matando la mente de a pocos, una vaina hereditaria, Dios no quiera que ninguno de mis hijos la tengan, y ninguno de mis nietos tampoco.
Yo en ése tiempo vivía sola con él; mi casa es grande, hoy en día ya no vivo sola, mi hija la menor vive conmigo, porque aceptare que ya estoy vieja y me disgusta mucho la soledad, pero al mismo tiempo no me gusta dar trabajo a mis hijos. A Rodolfo yo le hacía todo; le daba de comer, lo llevaba al baño, lo limpiaba, lo bañaba, lo curaba de sus heridas, lo acompañaba, pero cuando se caía, ¡Uy! Esas eran campeonas. Salía una a la calle a buscar alguien que se prestara para cargar al viejo, porque ahí si yo no podía sola, pero cómo también, si el viejo bandido pesaba. Ahí fue que conocí a personas buenas, porque otra cosa no se puede decir, eran buenas.
Cuando murió el viejo, me quedé sola, viví sola un año y siete meses, y de mis hijos, mi hija, la menor era la que vivía mas cerca y siempre venía, o si no llovía comer a su casa, y cómo no me querían dejar sola, ella se mudó a vivir conmigo, ella y sus dos hijos, Arturo y Alejandra, el varoncito es el menor, tiene 13, la mujer es la mayor, tiene 17. No puedo decir que no, ahora es mejor que antes. Ya no estoy sola., sí hija porque estar en este caseron sola, era feo, lo bueno es que yo no le temo a nda, porque yo le tengo una fe a la virgencita del carmen, nunca me olvido de rezarle aunque sea un poquito de sus misterios, es como les digo a todos mis nietos, que cuando estén en problemas digan:
Santo fuerte
Santo padre
Santo inmortal
Por Jesús, María y José,
Líbranos de todo mal
Amen…
Me consta que mi nieta lo reza, porque cuando comienzo a citarlo, ella me sigue, por no decir remeda, en fin…
Ay carajo, ahora que me da ganas de orinar, eso es lo que me jode de ser vieja, que todo me duela, y que a cada rato deba ir al baño… porque no puedo ni aguantar, hasta ya me quieren hacer usar pañales, ¡ah! que se los pongan ellos, porque yo no los voy a usar. Aunque ya me caído una vez, por levantarme a orinar en la noche y no prender la luz, por eso es que yo a nadie le deseo mi enfermedad, aunque ni enfermedad se le puede decir a eso, tengo inconteniencia renal, y también la artrosis de mierda, por la que tengo que usar rodillera, pero eso les pasa a todos los de mi edad, bueno eso dicen mis nietos, yo no sé, aunque cuando yo le digo a la gente que pasa que tengo 84 años, nadie me cree… todos me ponen unos 75 o 70… ¡ jaja!. No pueden estar más lejos.
Y ahora pues, la vaina es pararse, porque la izquierda, si pues, la pierna izquierda es la que me jode, ahora para pararme va ser la historia… bueno ahora hasta el baño con el bastón malcriao, ¿cuándo iba yo a pensar que iba a usar bastón?
Pero así es la vida pues, ahora no más quiero que el señor me lleve ya, porque no aguanto tantos dolores.
Faltan ya, dos días para mi cumpleaños, no sé que me harán, porque siempre se reúne toda mi familia, mis 6 hijos y mis 15 nietos, también mi hermana Lucy aunque ella ahorita esta enferma, porque tuvo derrame, pobre mi hermana, caracho, y eso que es menor que yo.
Harán una parrillada supongo, siempre las hacen. La cosa es que hoy vino a saludarme mi hijo, el cuarto… milagro, porque el nunca viene y eso que vive cerca. Vino, y me trajo a mi primer bisnieto, es chinito el bebe, quien lo iba pensar, ya hasta bisnieto tengo, y tengo dos, el otro es del mayor de José, si pues porque José se llama mi hijo. Bonitos los bebes, pero uno es más hablador que otro.
Sigo en duda sobre qué va ha haber ese día, porque a mi me gusta comer, si porque en que más va gastar su plata uno. Si no es en la comida, ojala cocinen brazuelos de pavita porque a mi me gusta comer eso, mi hija ana, la que vive en mi casa, a veces hace y mis nietos y yo comemos.
¡Ah! Pero eso sí, a mi desde chiquita me ha gustado comer “duro” porque mi mamacita me decía la muca, porque siempre que faltaba comida en mi casa, ella me mandaba a las fiestas de mis tíos con mis pantalones de muchos bolsillos, para que traiga el ”combate” ese día, porque si no era por mí, nadie comía ese día. Siempre he obedecido en todo a mi mamá, yo no le refutaba nada, también me hacía cuidar a mis hermanos y cargarlos a todas partes, mi madre nunca me quiso, hasta el final ya, que yo la fui a ver y me dijo:
-yo nunca te he querido Fela, pero de mis hijas, eres la que más me ha servido, por eso te vengo a pedir que me perdones.
-no me diga eso mamacita, y termínese su pan.
Eso fue lo único que le pude decir, porque luego de eso, en unos días se me murió mi mamita, y mis hermanos no me avisaron hasta que ya estuvo muerta y velándose. Ay mi mamita, en paz descanse.
-¡Carajo! justo el día de mi santo. ¿Qué te parece?, me salgo cayendo el mismo día de mi santo, pero cómo me habré caído, si yo no he sentido nada, y hasta chinchon tengo.
He abierto los ojos, y he estado sentada, ni sentada… echada en el piso, con mi última hija y la que vive en mi casa cogiéndome los brazos por atrás con la ayuda de mi nieta la última, pero tampoco sé cómo habrán sentido ellas, porque yo no he dicho nada.
Me ponen encima de la cama, pero yo aun no había orinado y no puedo contener mis ganas y mojo la cama, mi pijama y mi trusa. Todo era demasiado rara porque no consigo terminar de abrir mis ojos, posiblemente esa sea mi realidad cada que me levanto a orinar.
Voy al baño y al regresar mi hija comienza a cogerme la cabeza con un papel periódico empapado de jabón bolívar; ella usa eso para cuando se tiene chinchones, dice ella que los hace bajar, yo prefiero usar un cuchillo. Lo pido.
Mi nieta se levanta y va a traérmelo, mi hija también se va, pero ella a la lavandería del patio, seguramente a lavar mis calzones.
De pronto me viene la idea de siempre estar dándole trabajo a mi familia, sobretodo a mi hija, y a mi no me gusta dar trabajo, pero ya no sirvo para nada, con la justas ya ando. Quisiera que el señor me llevase de una vez, para servirle, y no seguir dando trabajo.
Esta caída fue algo mas fuerte que la anterior, creo que porque vi a mi abuelita tendida en el piso, hablando con los ojos cerrados, y sin poder retener sus ganas de orinar, mientras yo aun preguntaba cómo fue que sentí que ella se había caído. Ya incorporada en la cama, se percato de que tenía un chinchón, como toda persona cuando se cae. El chinchon era en la cabeza, atrás de la cabeza. Según sus costumbres me pidió le trajera un cuchillo para con el “bajarse” el chinchon, ya la había visto hacer eso antes, así que fui por el. Mientras mi abuela murmuraba, “no me gusta darle trabajo a mis hijos, no me gusta…”
Estando en la cocina, mi mama pasa y va a la lavandería, a lavar los calzones de la abuela
Cuando llego con el cuchillo, mi abuela me mira me dice gracias y me sonríe, yo también le sonrío.
Por mis oídos se filtra mi mamá pidiéndome que hierva agua. Voy a hacerlo, y siento que esta vez… el cuchillo tendría otra función.